El orgasmo femenino y el tantra

El orgasmo femenino es ese momento culminante de placer sexual de una mujer en el disfrute de un acto sexual. El clímax supone una liberación física de la tensión muscular y sexual, que produce una congestión sanguínea pélvica (vagina, clítoris y útero) acumulada en las distintas etapas del orgasmo. Estas características del orgasmo femenino se complementan con unas descargas musculares rítmicas en las zonas genitales y del perineal y culmina en una sensación placentera de relax y alivio.

¿Qué influencia el tantra en el orgasmo femenino?

El tantra nos ayuda a tomar consciencia de nuestro cuerpo con tal de experimentar de manera profunda ese éxtasis que supone el tener un orgasmo. La complicidad entre una pareja es la parte más interna de una relación. El sexo es la parte exterior, la expresión de esa complicidad. Más allá del sexo, en otro nivel, se encuentra la meditación y las técnicas de relajación. Si somos capaces de equilibrar las energías de nuestro cuerpo, el sexo en la pareja va a coger otra dimensión, convirtiéndose en una experiencia casi cósmica. Este tipo de conexión va más allá del amor, aunque con amor la envergadura del acto se amplifica, y puede concebirse en una relación puramente sexual.

Fases del orgasmo femenino

Al igual que el masculino, podemos dividir el orgasmo femenino en cuatro fases: excitación, meseta, orgasmo y resolución. Anteriormente se creía que el orgasmo femenino solo se podía producir con la penetración. Discusiones más actuales afirman que existen varios tipos de orgasmos, ya sea orgasmo vaginal, de clítoris, mediante la estimulación de los pezones… En la filosofía tántrica en lo referente a sexología a menudo precede un masaje erótico al yoni o vagina de la mujer como técnica de relajación y excitación. En la fase previa al orgasmo es cuando se ponen en práctica las técnicas meditativas con tal de ser capaz de contener la energía y aguantar el momento del clímax hasta que culmine en un profundo y placentero orgasmo. De esta forma se busca alcanzar un máximo nivel de placer en el acto sexual.