Posturas del Kama Sutra III: El cangrejo

Un día más,  continuamos presentándoos una nueva postura del Kama Sutra, para que nunca falten las ideas en esos momentos de deleite erótico que pasamos en la cama, y para que la rutina no se amigue demasiado con nuestras actividades sexuales. Seguiremos con las posturas de animales, la de hoy conocida como “ El cangrejo”, aparentemente porque la postura y movimiento de las piernas femeninas durante el acto adoptan cierta similitud con las pinzas en retracción de un cangrejo.

Esta técnica es una postura altamente placentera, en la que el pene queda fuertemente ceñido por la vagina provocando gran placer al hombre, pero también a la mujer, porque todas las partes de la vagina y el punto G son generosamente estimulados.

La postura consiste en lo siguiente: La mujer debe tenderse sobre su espalda y elevar sus piernas flexionadas, el hombre se arrodillará y la penetrará manteniéndose en esa posición, ella debe apoyar los pies en el pecho de su pareja. Gracias a esta colocación de las piernas, los músculos vaginales se contraen fuertemente, estimulando así todas las  partes del pene, y además permite que el hombre realice vigorosos movimientos de adelante hacia atrás, ya que al estar su pecho apoyado, puede impulsarse con brío y sin dificultad. Éste es un gran atractivo de esta posición ya que –si la mujer  posee la suficiente flexibilidad- resulta bastante cómoda y los resultados en cuanto a gozo se refiere son máximos.El hombre podrá agarrar las rodillas de su pareja empujándolas hacia su pecho para mantener un mayor equilibrio.

Ésta es una de esas posturas que son de lo más recomendables para cuando se alcanzan momentos de efervescente fogosidad porque permite gran intensidad en la acción y rapidez, y la penetración es profunda, tanto, que incluso puede ser dolorosa si se llega a tocar el fondo de la vagina.

La técnica comparte con la postura de La vaca y El elefante que también  puede satisfacer fantasías de sumisión y poder. El hombre probablemente tomará una actitud algo violenta y dominante causada por el placer y al ver la poca movilidad de su pareja, pudiendo ser muy excitante  para ella la fiereza de él y su propia indefensión, aunque para que esto sea así siempre serán necesarias grandes dosis de mutua confianza.